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Un panorama de desigualdad en la infancia peruana: reflexiones sobre el trabajo infantil en el Perú como problemática social

  • Foto del escritor: Jazmin Escalona
    Jazmin Escalona
  • 12 jun 2024
  • 4 Min. de lectura


"Mientras me sentaba en el carro para ir a casa de vuelta, se subió una niña tal vez de 8 años y comenzó a cantar. Parecía una situación que incomodaba a la mayoría de personas, las cuales evitaron mirarla"




En varias ocasiones, me he encontrado con niños y niñas trabajando en las calles o en los carros. A veces puedo apoyarlos y en otras ocasiones mi situación no me lo permite. Esta realidad siempre me genera un conflicto interno y un cuestionamineto sobre las razones por las que ellos deben trabajar. A pesar de la incomodidad que puede generar ver a niños(as) trabajando, parece que se ha normalizado su presencia y situación de vulnerabilidad.

En el Perú, las cifras no son solo sorprendentes, sino que configuran una representación de aquella cotidianidad que estamos acostumbrados a ignorar.
Según la Encuesta Nacional del Hogar INEI (2022) se estimó que alrededor de 2.1 millones de niños y niñas se encuentran laborando en diferentes áreas del sector económico (Comex, 2023).
Hasta este punto nos referimos no solo aquellas niñas y niños que venden caramelos, sino la niñez que trabaja lavando carros, en Gamarra cargando telas y, sobre todo,  niñas y niños que se dedican a la agricultura familiar. Esta ultima actividad, es una de las principales áreas en las que se inserta y desarrolla el trabajo infantil en nuestro país (El Peruano, 2023).

A primera vista, es normal que se produzcan prejuicios sobre aquellas familias que envían a sus hijos(as) a trabajar a costa de su educación y desarrollo personal. Pero, el trabajo infantil es un problema más  complejo que encuentra muchas de sus causas en la pobreza. Es decir, son justamente las familias de bajos recursos económicos las que se ven en la obligación de enviar a sus hijos e hijas a trabajar, ya sea en el campo o vendiendo caramelos, ello con la finalidad de aliviar la carga familiar. Esta medida
de apoyo económico es comprensible cuando en la actualidad, 1 de cada 3 peruanos no pueden cubrir el costo de una canasta básica (García, 2024). Todo ello, conlleva a que muchos niños asuman responsabilidades económicas a su corta edad y madurez

El trabajo infantil, consecuencia de las desigualdades sociales, influye en el proceso escolar y acrecientan la falta de oportunidades del niño o niña en un futuro. Es decir, en caso se termine la etapa escolar a pesar de trabajar ¿cuántos niños o niñas podrán acceder a una academia preuniversitaria? ¿cuántos podrán estudiar una carrera o una carrera técnica? Es muy posible que existan pocas probabilidades de que sigan estudiando no sólo por los límites académicos, consecuencia de trabajar y estudiar desde temprana edad, sino también por los límites económicos que representa la educación en el Perú. Incluso en el caso ideal de que si estos niños o niñas se inserten en el mercado laboral informal,  no les garantiza una adultez segura socioeconómicamente para sus hijos o hijas. 

De ese modo, podemos decir que las oportunidades de ascender socioeconómicamente disminuyen si un niño empieza a trabajar desde muy temprano. Paradójicamente, ese esfuerzo por cubrir una desigualdad económica termina finalmente por perpetuar  un ciclo vicioso de la desigualdad, que es el desgraciado ciclo de la vida de un niño pobre.  

A pesar de que existen diferentes normativas a nivel nacional e internacional que buscan proteger a los niños del trabajo infantil, los programas de gestión que se desarrollan no responden a la interseccionalidad y complejidad de la realidad.  Este poco impacto y escaso valor  público fue una cruel realidad cuando en la pandemia se incrementó la pobreza en un 8.8%. Esto no solo demostró que muchos peruanos son proclives a la pobreza por las diversas problemáticas que aquejan al país, sino que la respuesta a diversos programas sociales es superficial, dado que no responden a las problemáticas de una manera integral. El problema de estos esfuerzos a nivel normativo e institucional es su entendimiento sobre el trabajo infantil. Lo que debería pasar  es que deben entender el trabajo infantil como una consecuencia de una serie de problemáticas sociales como la desigualdad, la pobreza y falta de oportunidades.

Sin embargo, la primacía del culto al emprendedurismo neoliberal invisibiliza otras miradas. En las redes sociales y programas de televisión se visibilizan ejemplos de personas que han trabajado desde pequeños, que se han esforzado por salir adelante y han conseguido más estabilidad económica. En el espacio público se busca romantizar y normalizar el esfuerzo. Se crea la idea de que el éxito económico es el resultado del puro esfuerzo individual y no de oportunidades y estructuras sociales a las cuales no todos acceden. El predominio de nociones como ‘el pobre es pobre porque quiere’ no comprende la falta de oportunidades que presentan muchos padres al momento de enviar a sus hijos a trabajar. 

A modo de conclusión , se puede decir que los programas sociales deben comprender la complejidad e interseccionalidad del trabajo infantil, el cual es una problemática social y no individual, como socialmente se percibe. En este día contra el trabajo infantil se busca reflexionar sobre las causas de esta problemática, entendiendo que son consecuencia de la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades. 

Bibliografía 

Sociedad del Comercio Exterior (Comex) (2023). El trabajo infantil afectó al 25.8% de la población entre 5 y 17 años. ¿Cómo afecta el acceso a la educación superior?

El Peruano (2023). Lucha contra el trabajo infantil. 

García, O. (2024). En el 2023, la pobreza en el Perú llegó a 29%: ¿Por qué se ha dado este incremento y qué debió hacerse?



 
 
 

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Invitado
14 jun 2024
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Bellísima reflexión

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