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Entre la espada y la pared: La interculturalidad como instrumento de dominación y promesa de justicia social

  • Foto del escritor: Jazmin Escalona
    Jazmin Escalona
  • 4 jul 2025
  • 6 Min. de lectura

“Cuando se habla de ‘interculturalidad’ a secas, tal como lo hace por ejemplo
la nueva Constitución Política de Estado de Bolivia, suena más a wishful thinking
(pensamiento deseoso) que a un proyecto bien pensado y transversal que toque
cuestiones de fondo como la (re-) distribución de los recursos, la participación
equitativa en el poder o la injusticia del llamado ‘orden global’
 discurso político” (Estermann, 2009, pp. 52)


En los últimos años, han surgido diversos discursos políticos que prometen la integración nacional cultural desde un enfoque intercultural. Bolivia ha sido uno de los países ejemplares en la implementación de un proyecto político intercultural a partir de los cambios en la constitución y la creación de ministerios. Sin embargo, a pesar de estos avances, se han vulnerado los derechos humanos de las comunidades indígenas, como ocurrió con el proyecto de construcción de una carretera que atravesaría el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) (Vaca, 2019). Este fue uno de los eventos que marcó un quiebre en el gobierno de Evo Morales, generando divisiones dentro de un Estado plurinacional que, en la práctica, no cuestionó las estructuras coloniales. 

Autores como Estermann (2009), exponen que, la interculturalidad sin una internalización profunda de su objetivo como proyecto político, sólo podría ser parte de la cooptación y uso del modelo hegemónico. De ese modo, este autor propone la idea de una interculturalidad crítica que implique una conciencia del proceso de descolonización y sus prácticas neocoloniales en el mundo contemporáneo. El propósito de esta reseña es explorar la interculturalidad crítica y liberacionista filosófica que se desarrolla en el ensayo de “Colonialidad, descolonización e interculturalidad. Apuntes desde la Filosofía Intercultural” de Josef Estermann (2009) con la finalidad contribuir con una nueva perspectiva sobre la interculturalidad e incrementar el debate sobre la necesidad de un proyecto político intercultural en el Perú. 

Antes de ingresar en el desarrollo de la interculturalidad crítica, se debe precisar términos importantes como colonialidad y colonización. Por un lado, la colonización, como expone Estermann, es el “proceso (imperialista) de ocupación y determinación externa de territorios, pueblos, economías y culturas por parte de un poder conquistador que usa medidas militares, políticas, económicas, culturales, religiosas y étnicas” (2009, pp. 54). Por ello, la colonización, entendida como imposición política directa, concluyó a nivel territorial con la independencia formal de los países colonizados.

Por otro lado, el colonialismo es la ideología que legitima las relaciones asimétricas del proceso de colonización (Estermann, 2009)  y, por lo tanto, fue un elemento básico para la conquista cultural y estructural de los países. Sin embargo, aunque la colonización ha sido históricamente concebida  como un fenómeno del pasado que concluyó con la independencia formal de los territorios, esta no implicó necesariamente el fin del colonialismo. Por el contrario, dio lugar a la formación de estados-nación independientes que continuaron reproduciendo prácticas y estructuras de poder colonialistas, legitimando así relaciones asimétricas (Estermann,2009). En ese sentido, los procesos de descolonización se limitaron en muchos casos a la recuperación del control territorial, sin cuestionar ni desmontar las ideologías que sustentaban la dominación y jerarquización cultural, social y económica.

Neocolonialidad 

Según Bonilla y Spalding (1971), en el Perú, la independencia no significó un cambio sustancial en las condiciones de vida de la mayoría de la población, sino más bien una reconfiguración del poder en favor de la élite política criolla, interesada en consolidar su autoridad. Este proceso evidenció no sólo la superficialidad de la ruptura con el orden colonial, sino también la persistencia y reproducción de estructuras ideológicas de dominación, en las que una cultura continuaba imponiéndose sobre otras. Así, se consolidó un neocolonialismo que perpetuó las jerarquías propias del sistema colonial bajo nuevas formas institucionales. 

Según Estermann (2009), este neocolonialismo puede abarcar un componente de dominación, desde lo psicológico y existencial, hasta lo económico y militar, que se manifiesta en una ocupación simbólica y mediática mucho más sútil, pero que responden a la dominación del sector extractivo, productivo, comercial y financiero de los países industrializados/desarrollados del Norte sobre los países neo-colonizados o subdesarrollados del Sur.  Es decir, la neo-colonialidad se basa en mecanismos de dominación por parte del Norte Global que segrega a los países del Sur como los subdesarrollados y los inspira a su desarrollo industrial, cultural, educativo, etc. 

Asimismo, el neocolonialismo se articula en torno a tres estrategias fundamentales. En primer lugar, la negación del componente humano del otro, que justifica la conquista y subordinación. En segundo lugar, la asimilación, en la que, aunque se reconoce la humanidad del sujeto colonizado, se promueve su conversión forzada a un modelo dominante —económico, educativo, religioso y cultural—. Finalmente, se plantea una estrategia de incorporación mediante la inclusión de los pueblos indígenas en el sistema ya consolidado con sus dinámicas de dominación y asimetrías (Estermann, 2009). De esa manera, lo que a veces puede ser considerado como una reivindicación cultural a través del interculturalismo, puede ser simplemente una estrategia de inclusión que replica la dominación Norte - Sur. 

Para el autor, la interculturalidad, aunque emancipadora o integradora de un proyecto de estado-nación, reproduce ideales civilizatorios ligados al desarrollo, el consumo, la participación y la modernidad que se integran al sistema globalizador del Norte. A modo de ilustración, en el caso de Bolivia se observa que, a pesar de que se promovieron políticas inclusivas  y una constitución con enfoque intercultural, el énfasis se concentró en el carácter educativo intercultural sin mencionar cambios estructurales en los aspectos económicos, políticos o  judiciales. 

Interculturalidad crítica y emancipadora

En este proceso,  la interculturalidad crítica es un pensamiento que busca el desarrollo de un proyecto político en el que se integre a la diversidad cultural de un país de una manera profunda y comprometida, problematizando el neocolonialismo e irrumpiendo con el sistema dominante económico-político existente. 

De acuerdo a Estermann (2009), la interculturalidad como herramienta crítica y emancipatoria debe integrar un análisis interseccional que articule la clase social, cultura/ etnia y género. En esta línea, un proyecto intercultural verdaderamente transformador debe, por un lado, (1) reconocer y problematizar las asimetrías económicas y  neocoloniales que estructuran las relaciones de poder entre culturas dominantes y subalternas. (2) También debe incorporar la problemática de la desigualdad entre sexos, así como las diversas formas de discriminación por género y sexismo. (3) A esto se suma la necesidad de  visibilizar las asimetrías culturales y civilizatorias que legitiman jerarquías entre modos de vida y sistemas de conocimiento.

(4) Otro aspecto importante es la necesidad de atender la injusticia de género, así como la discriminación social, económica y cultural que afecta a las mujeres. (5) Por último, en relación con lo anteriormente mencionado, es imprescindible cuestionar los esquemas mentales y los estereotipos sobre los roles de género y sus representaciones económicas y sociales, a fin de garantizar una verdadera equidad de género, basada en la justicia social y la eliminación de brechas. En suma, es fundamental analizar de manera integral las relaciones de poder económico, cultural, social y de género, como base para transformar las estructuras de dominación vigentes y permitir un verdadero diálogo intercultural, así como el desarrollo de una teoría social y una equidad de género entendidas como parte de un proyecto intercultural crítico.

A modo de conclusión, la interculturalidad, si no está acompañada de una reflexión crítica que incorpore las dimensiones sociales, culturales, étnicas y de género, corre el riesgo de convertirse en un simple mecanismo de inclusión que reproduce y refuerza el sistema de dominación económico y político vigente. Esto nos lleva a interrogarnos sobre el caso peruano: ¿hasta qué punto se han impulsado propuestas de cambio constitucional que cuestionen y transformen las estructuras neocoloniales de poder? ¿Es posible, en un país como el Perú, iniciar procesos de transformación parcial —aunque no abarquen todos los factores señalados por Estermann— en lugar de mantener el statu quo que ignora la profunda diversidad cultural del país? ¿Consideran que los proyectos de educación intercultural bilingüe responden a una lógica de transformación estructural o se limitan a civilizar a una parte de la población para integrar a un modelo nacional predefinido? Estas preguntas invitan a repensar el rumbo de las políticas interculturales desde una perspectiva que realmente apueste por la justicia social, el reconocimiento mutuo y la descolonización de las estructuras vigentes, una tarea aún vigente en nuestro Perú de hoy. 

Bibliografía

Bonilla, H., Spalding, Karen (1971). La Independencia en el Perú : las palabras y los hechos. En La Independencia en el Perú (pp. 15-64). Instituto de Estudios Peruanos. 

Estermann, J. (2009) Colonialidad, descolonización e interculturalidad: Apuntes desde la filosofía intercultural. In D. Mora (Ed.), Interculturalidad crítica y descolonización (pp. 51-70). Convenio Andrés Bello 

Vaca, M. (2019). Indígenas y cocaleros, divididos ante Evo Morales. France24.



 
 
 

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