Radicalismo en medios: un análisis del discurso político de Phillip Butters a partir de momentos claves de la política peruana
- lespucp
- 26 dic 2024
- 35 Min. de lectura
Escrito por: José Alexander Salazar y Maximarth Ybañez

La política en Perú se encuentra enmarcada en una crisis cuyo inicio se puede atribuir al desconocimiento del triunfo electoral de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) por parte del fujimorismo, en tanto los mecanismos de control político extremo como la vacancia presidencial y la disolución del Congreso alcanzaron un alto grado de normalización (Cortez, 2022, p. 26). Esto enfrentó a la opinión pública dado que se forja una oposición entre quienes defienden el uso de estos contrapesos y quienes los critican, más bien ligado al respaldo hacia la figura del poder ejecutivo y el poder legislativo, los cuales por composición se encuentran en extremos del espectro político.
A raíz de esto, se ha ido fortaleciendo la polarización ideológica en el sentido de que las identificaciones ideológicas por parte de la población son cada vez más contrapuestas (Miller, 2020). Según el informe completo realizado por el IEP (2023), en marzo del 2021 el 37% de la población se identificaba con la izquierda y el 26% con la derecha, mientras que, en marzo del 2023, estas cifras varían a un 31% para ambos casos. A grandes rasgos, se puede identificar una tendencia a una mayor En la literatura se ha evidenciado como una creciente polarización puede verse ligada a un mayor consentimiento de valores contrarios a los impulsados por los regímenes democráticos. De acuerdo con Díez (2021), “un contexto de fuerte polarización propicia que los políticos y los ciudadanos consientan algunas prácticas antidemocráticas.” (p. 199). Asimismo, tal como señalan Levitsky y Ziblatt (2018), la democracia exige que los actores políticos se acepten mutuamente como adversarios legítimos, reconociendo su igual derecho a ejercer el poder. Sin embargo, como indica Pérez (2022), en escenarios de polarización generados por crisis política surge la consecuencia de que los adversarios pasen a considerarse “enemigos”, con lo cual se deslegitima su participación dentro del sistema político.
El radicalismo de derecha, como luego se explicará más a detalle, puede expresarse de diversas maneras, una de ellas siendo a través de los medios de comunicación. En ese sentido, resulta de interés académico el evaluar los discursos presentes en estos medios como posibles promotores del radicalismo, considerándose esto de importancia por el riesgo que implican para la democracia. Es por ello que este trabajo se enfocará en el análisis del discurso expresado por Philip Butters, una de las figuras representativas de la derecha más importantes a nivel mediático, entre abril del 2021 y enero de 2023.
La presente investigación permitirá analizar discursivamente un posible caso de radicalismo político en un contexto caracterizado por experimentar en los últimos años una erosión democrática. En línea con esto, en las últimas elecciones se hizo más visible la presencia de grupos de extrema derecha como La Resistencia, Los Insurgentes, Los Combatientes, los cuales denunciaban un fraude electoral mientras llevaban a cabo acciones violentas y de hostigamiento (Rodríguez, 2021). A su vez, estos grupos suelen demandar objetivos que muchas veces entran en colisión con componentes de la democracia liberal; por ejemplo, el movimiento “Con Mis Hijos No Te Metas” buscó influir en la política pública educativa, centrándose en eliminar el enfoque de género y la educación sexual integral (Latindadd, 2023). De esa manera, el tema es trascendental para estudiar los radicalismos políticos y sus elementos, cuya naturaleza puede presentar consecuencias para la preservación de la democracia peruana.
La figura de Phillip Butters fue escogida como caso de estudio debido a que se identifica como un agente con gran influencia mediática tanto por su larga trayectoria en la televisión peruana como por ser actualmente el conductor de un programa dentro de uno de los canales más vistos de la televisión peruana: Willax. De hecho, Willax ha venido compitiendo estos últimos años con los grandes canales y se ha consolidado muy bien en la TV paga y en la televisión digital terrestre con una audiencia proveniente principalmente de los niveles socioeconómicos A, B y C (Tedesco, 2024). Ello le permite interactuar directamente con audiencias diversas y sectores movilizados de derecha, lo que lo posiciona como un difusor de ideas polarizantes. Precisamente, Phillip ha sido objeto de diversas polémicas debido a sus declaraciones sobre la política que le han ocasionado confrontaciones con otros personajes del medio (ConcorTV, 2011). Además, a diferencia de otros actores de derecha que operan en espacios limitados, su papel en un medio de alcance nacional le posibilita amplificar mensajes de sectores radicales y traducirlos en discursos accesibles para la ciudadanía, interviniendo en la formación de la opinión pública.
La selección del periodo en cuestión se debe a que es en ese transcurso de tiempo donde podemos encontrar momentos claves de la política peruana: las elecciones del 2021, el intento de golpe de Estado y la destitución del presidente Pedro Castillo en el 2022, y las marchas resultantes después de esos hechos hasta enero del 2023. La razón de tal selección se debe a que comprenden momentos en los que, debido a la polarización política, se expresan con mayor claridad y fuerza las opiniones o posturas políticas de los actores. Por ende, los periodos mencionados son trascendentales en la medida en que ayudan a caracterizar el discurso de Phillips Butters sobre cuestiones como el desempeño del gobierno, sistema económico, visión y futuro del país, y el rol de actores políticos de derecha e izquierda.
El aporte del estudio reside en su contribución a construir parámetros para identificar y cuestionar expresiones radicales en la realidad, específicamente, en el contexto peruano que goza de características especiales. En añadidura, la investigación comprende una expansión en la literatura de los estudios sobre el papel de las figuras mediáticas como difusores de discursos radicales. Es así como la investigación del tema permitirá aportar conocimientos y perspectivas importantes para entender los desafíos que comprende la presencia de discursos que enmarcan un radicalismo político hacia la democracia peruana.
Marco teorico
En vista de que nuestra tarea consiste en identificar los rasgos atribuidos a los radicalismos de derecha presentes en el discurso, resulta imprescindible establecer cómo se caracteriza la derecha radical en la actualidad. El marco teórico que se presenta en este trabajo se concentra en las tesis de Farid Kahhat, Theodor Adorno y Cas Mudde, principales referentes en el estudio de radicalismos y autoritarismos, enfocándonos en los puntos de convergencia y disidencia. En base a estos autores es que el presente trabajo busca no solo contribuir a la literatura sobre radicalismos políticos, sino que también ofrecer herramientas analíticas para identificar y cuestionar discursos que puedan suponer un riesgo para la estabilidad democrática peruana.
Es esencial partir de que la derecha radical se trata de aquella que se desarrolla a partir de la primera década del siglo XXI, la cual difiere en gran medida de la derecha radical del siglo XX. Por ejemplo, adelantandonos a uno de los rasgos a explorar, una de las manifestaciones de estos cambios se encuentra en la construcción de la contraposición entre el “nosotros” y los “otros”, siendo que ambos pueden ser cambiantes incluso dentro de grupos similares (Mudde, 2021). No obstante, ello no implica necesariamente que la derecha radical contemporánea se desligue por completo de lo que definía a los radicalismos de antaño. Por el contrario, como indica Adorno (2020), esta representa una herencia social en tanto su existencia se explica por el hecho de que las condiciones sociales que determinaron el fascismo siguen vivas. Esto se expresa, por ejemplo, en el resurgimiento del nacionalismo como órgano de representación de intereses colectivos a pesar de que este como ideología llega a ser obsoleto en un mundo interconectado donde las naciones aisladas desempeñan un papel subordinado.
Habiendo advertido ello, exploramos ahora las principales características del radicalismo de derecha a partir de los rasgos indicados por Cas Mudde y los aportes de Farid Kahhat. En principio, Cas Mudde establece tres características fundamentales: el nativismo, el populismo y el autoritarismo.
El nativismo corresponde a una reivindicación étnica en torno a la promoción de una dicotomía entre lo oriundo y lo foráneo. De acuerdo con Mudde (2021), las expresiones nativistas atienden a una búsqueda por defender la identidad nacional, enfocándose en la idea de que los “nativos” deben tener derechos y privilegios especiales sobre los inmigrantes y los miembros de grupos considerados “no autóctonos”. Bajo esta percepción, se contempla que el plan nacional debe estar enfocado por y para los nativos, sin necesidad de considerar a personas que no sean identificadas como tales. En línea con esto, Kahhat (2019) hace hincapié en la distinción entre el nativismo y el nacionalismo étnico, siendo que el primero no suscita animosidad hacia otros nacionalismos, como sí lo hace hacia inmigrantes y refugiados, y hacia los propios nacionales que no comparten esta perspectiva. Bajo este concepto, se desvincula al foráneo del interés nacional y se le presenta en contraposición a este.
Por su parte, el autoritarismo se basa en la promoción de un orden político y social basado en la centralización del poder, la restricción de libertades civiles y el rechazo a principios democráticos liberales. Este se expresa, precisamente, en el llamado al sometimiento a la autoridad, siendo que el incumplimiento de las normas supone una alternativa indeseable vinculada a un castigo. En este caso, Mudde (2021) explica que el castigo mismo adquiere legitimidad a partir de la ruptura de los acuerdos normativos por parte de la ciudadanía, aun cuando aquel pudiese considerarse desproporcionado. Sin embargo, Kahhat (2019) resalta que, en contraposición con lo expresado por Mudde, el autoritarismo no necesariamente se limita al respeto por las normas propias de la democracia representativa, sino que también puede devenir en un respaldo hacia prácticas antidemocráticas. De esta manera, ante la presentación de un escenario crítico con una necesidad urgente de resolución, es posible que se presenten soluciones que vayan en contra del carácter democrático del sistema político y que aún con ello se presenten como legítimas.
La tercera característica, el populismo, implica una búsqueda por una legitimidad única de representación, lo que implica una negación del pluralismo político. El populismo se establece como una ideología que divide a la sociedad en grupos antagónicos. En un principio, estos se identificaban como el pueblo (que se presenta como puro) y la élite corrupta (que puede ser política, económica o mediática, pero que comparten entre ellas la característica de haber traicionado los valores y necesidades del pueblo). No obstante, bajo la alusión a un momento de crisis dentro del discurso radical, la búsqueda por la monopolización de la función de representación puede configurarse a partir de una división diferente. De esta manera, la sociedad se dividiría entre los productores de la supuesta crisis y quienes se establecerán como sus salvadores (y aquellos que los acompañen). Dado que aquellos que no se identifiquen como parte de este segundo grupo serían presentados como traidores (puesto que si no están con quienes resolverán la crisis están con quienes la provocan o desean mantenerla), Kahhat (2019) indica que la diferencia de opinión frente al grupo “salvador” resultaría inadmisibles. En este contexto, cualquier posición discordante se ve directamente relacionada a intereses particulares contrapuestos al interés común del “pueblo”.
La identificación de un radicalismo no necesariamente implica el cumplimiento de estas tres características en conjunto. Pueden existir discursos radicales en los que solo se identifiquen rasgos populistas y autoritarias, mas no nativistas. De la misma forma, la promoción de medidas populistas o autoritarias por parte de discursos mediáticos no expresan necesariamente una vinculación con un movimiento de derecha radical. En cualquier caso, es adecuado precisar que estas características aquí presentadas, resultan más bien expresiones contingentes de la derecha radical contemporánea y no rasgos inherentes. Sin embargo, en la literatura, la identificación de manifestaciones radicales de derecha toma como base teórica la presencia de estos rasgos en mayor o menor medida, resultando en conclusiones acertadas, aunque no por ello libres de ser cuestionadas (Barquero y Gonzales, 2021). Por todo esto, consideramos pertinente presentar estas tres expresiones como factores claves para distinguir lo que es radicalismo de derecha de lo que definitivamente no lo es.
Es por el motivo anterior que el análisis sobre rasgos de expresiones radicales no debe escapar a preocupaciones adicionales. Un aspecto clave a tomar en cuenta es que las diversas expresiones de la ultraderecha actual difieren tanto en forma y prácticas como en nivel aceptación por parte del sistema democrático. Es de esta manera que, por un lado, la derecha radical contemporánea no se presenta de forma homogénea, sino que se puede manifestarse en diversos movimientos sociales y subculturas, además de que no se limita a los partidos tradicionales, pudiendo atravesar tanto aparatos estatales como otros espacios que no son de derecha. Por el otro lado, en cuanto a la aceptación, se ha desmarginalizado a la derecha radical, lo cual lleva a que no se excluya del orden democrático a pesar de presentar el riesgo de erosionarlo. Esto puede deberse a que, tal como menciona Adorno (2020), existe la posibilidad de que las nuevas formas de radicalismos no atenten contra la democracia puramente formal, por lo cual se respete los espacios democráticos estrictamente procedimentales como las elecciones. Esto implicaría que se omita señalar a estas formas de liderazgos radicales como dañinas. Adicionalmente, esto se puede ligar con el fenómeno presentado por Mudde (2021) de la “normalidad patológica”, la cual consiste en la normalización de actitudes no democráticas, como medidas autoritarias, al punto de asumirlas como democráticas.
Esta normalización de actitudes antidemocráticas va de la mano con la sensación de amenaza. Según Adorno (2020), la propagación de esta amenaza lleva a una necesidad de respuesta basada en condiciones no racionales que provocan el miedo generalizado. Por ejemplo, se extiende el miedo a las consecuencias de los desarrollos de la sociedad. La derecha radical se presenta como la solución ante esta previsión de la catástrofe. Con ello en mente, explica que los medios (incluyendo las redes sociales y la radio) a menudo se utilizan para difundir mensajes y discursos que impulsan la polarización, la desinformación y la retórica extremista, apelando al “imago”. Este último se relaciona con rasgos psicológicos que incluyen la conformidad, la rigidez en la obediencia, la agresión hacia los que se perciben como diferentes y una fuerte necesidad de estructura y orden en la sociedad. Asimismo, Adorno (2020) indica que la derecha radical difunde el “anti-intelectualismo”, mostrando a los “intelectuales de izquierda” como actores indeseables dado el status social que se adscriben. Debido a que estos no ejercen un cargo fijo y digno que se alinea a la división de trabajo, y más bien se reservan una libertad intelectual, son considerados como vagabundos y estorbos para la sociedad.
Finalmente, los radicalismos de derecha promueven una imagen de fortaleza, la cual puede alcanzarse por medio de medidas identificadas más bien como autoritarias. De acuerdo a esto, Kahhat (2019) expresa que existe la posibilidad por parte de la derecha radical de promover medidas que, aun siendo ineficaces para la atención del tema de la seguridad, lograr aportar a la proyección de esta imagen de fortaleza frente a los perpetradores del orden. Bajo esta acción, se buscaría que la derecha radical se proteja ante la crítica plausible de ser incapaz de lidiar, por ejemplo, con el terrorismo, dado que no se ve atado a consideraciones de lo “políticamente correcto”.
El rol de la prensa en la preservación del orden democrático
La relación entre prensa y política se presenta por lo general como tensa, especialmente en los regímenes democráticos. Para entender esta dinámica hay que empezar por examinar el papel que se atribuye a la prensa dentro de la constitución del orden democrático. Resulta requisito imprescindible de un sistema democrático garantizar un periodismo independiente del Estado. Esto no quiere decir que no puedan existir medios de comunicación estatales, sino que no pueden concebirse restricciones a la libertad de expresión. El reconocimiento de la libertad de expresión como derecho fundamental constituye uno de los principios esenciales de la democracia y su desconocimiento supone la ruptura de los valores que ella misma promueve, como lo son la igualdad, el pluralismo y la tolerancia (Borea Odría, 1994)
Históricamente, la libertad de prensa ha jugado un papel importante en la transición y consolidación de regímenes democráticos. Loli Roca (1986) la define como “un derecho para el propietario del medio de comunicación social y para los que, contando con el asentimiento del propietario, pueden hacer uso del medio, sin sufrir presiones o acciones coercitivas” (p. 61). Ello se constata con el hecho de que los regímenes autoritarios suelen desconocer la libertad de prensa, imponiendo restricciones ideológicas sobre lo que puede o no puede informarse. Sin embargo, en sistemas democráticos esta situación no puede ser admisible, por lo que en varias ocasiones se han generado conflictos con el poder político en cuanto la libertad de prensa se ha visto ultrajada e incluso impedida de ser ejercitada como derecho (D’Ornellas y otros, s.f.).
La razón de que no sea infrecuente que se generen tensiones entre la prensa y el poder político en los sistemas democráticos es que la libertad de prensa, más allá de un derecho, también resulta la condición de ejercicio de la propia labor periodística; sin embargo, debido a que esta se reconoce como una vía para demandar respuestas del gobierno por sus acciones, los gobernantes pueden llegar a intentar desconocerla o censurarla en los casos que no les sean convenientes, lo cual estaría atentando contra los principios democráticos. Casi de manera paradójica, es en este tipo de escenarios donde la prensa adquiere aún más valor para el modelo democrático en tanto permite la posibilidad de que los ciudadanos adquieran igualdad de condiciones en términos de acceso a la información y materializa además la igualdad entre gobernantes y gobernados a través del recordatorio de que toda actuación de los primeros es opinable y criticable por los demás miembros de la sociedad.
Ante ello, podemos identificar que la responsabilidad de la prensa tiene tres ámbitos de acción: con la propia prensa, con la sociedad civil y con el proceso político. La responsabilidad interna es aquella ya mencionada referente al imperativo de mantenerse independiente y autónoma. Por su parte, la responsabilidad con la sociedad civil, implica que, en retribución de esta garantía de autonomía, la prensa debe cumplir con la tarea de ejercer un periodismo competente, por lo cual la información entregada debe ser equilibrada, relevante, exhaustiva, completa y verificada (Barba y otros, 1993). Sin embargo, existe otra dimensión a tomar en cuenta en el cumplimiento de esta tarea. Dado que los medios pueden tener el poder de decidir qué información se publica y de asignar valor a un hecho al volverlo noticia, la prensa se adjudica una “fuerza política”.
El efecto de este poder se ve expresado la influencia que la prensa puede generar en la población, especialmente en los casos en dónde la noticia requiere aplicar juicios de valor y traslucir conceptos propios de ideología política y social. En ese sentido, ningún medio se escapa de transmitir mensajes políticos, sean implícitos o explícitos, que incluyen valoraciones, los cuales se encuentran presentes en las palabras empleadas, la forma en que se enfatizan, la entonación y, además, en el hecho de que provengan de un interlocutor particular (Jaime Cisneros, 1986). Es por ello que uno de los efectos más importante de los medios de comunicación es que, de acuerdo con Borea Odría (1994), “quien maneja la prensa tiene una influencia en la población que aún cuando pueda discutirse si puede llegar a convencer a largo plazo, no es discutible que tiene una capacidad de confusión en el corto plazo” (p. 407).
En línea con esto, Jaime Cisneros (1986) sugiere que los medios de comunicación inculcan valores en la población, los cuales son en la mayoría de los casos, contrapuestos, ya que responden a intereses particulares. Contemporáneamente, el incremento de la importancia atribuida a estos intereses en la configuración de la tarea informativa encontraría su explicación en la complejización de los medios de comunicación. La prensa habría modificado su concepción inicial, desviándose de la visión idílica de la propagación de la verdad hacia una lógica mayormente de mercado. De acuerdo con Borea Odría (1994), se inculca una disfunción de la prensa respecto de la democracia en la búsqueda por el beneficio económico que supone su difusión, lo cual se ve reflejado en la utilización de elementos distorsionadores del discurso como el amarillismo o el sensacionalismo. Asimismo, las empresas periodísticas, atentas a sus intereses, se opondrían a la creación de normas especiales para la actividad que desarrollan, apelando a que la aplicación de la reglamentación implica una limitación a la libertad de prensa (Loli Roca, 1986). De esta manera, tal como indica Quezada, (2005), los medios de comunicación no serían meramente entidades neutrales y técnicas, sino que también se comprenderían como instituciones comprometidas con determinados modelos ideológicos o intereses muy concretos.
Ante esta situación, la responsabilidad con el proceso político se enmarca en que los medios de comunicación son fundamentales para la relación de los ciudadanos con las instituciones públicas, en tanto el ciudadano está expuesto permanente al ambiente mediático (Barceló, 2006, p. 47). De esta forma, la prensa debe ir en línea con el fomento de la cultura y valores democráticos ya que la ciudadanía está en constante contacto con ella a lo largo de su vida. Como indican Barba y otros (1993), esta debe demostrar apoyo a los procesos de reconciliación, a la pluralidad del espectro partidista, a los mecanismos que garanticen el respeto a la voluntad popular, a la autonomía del poder judicial y a la subordinación del poder militar al civil. Es por todo esto que la función de la prensa no debe reducirse únicamente a la lucha por encontrar un espacio dentro de la democracia, sino que, actuando en favor de la sociedad, debe compatibilizarse con los fines del sistema democrático (Borea Odría, 1994; D’Ornellas y otros, s. f.).
Parte del por qué resulta tan importante este ámbito de responsabilidad es que la democracia en sí misma promueve mecanismos que posibilitan la entrada de críticas a su sistema. El principio de la tolerancia que guía la convivencia en sociedad parte de la base de que ningún modo de pensar, ningún pensamiento puede o debe ser privado de expresarse. Sin embargo, esto trae como problema esencial que puedan surgir discursos intolerantes o que cuestionen tanto el régimen como las instituciones que le dan forma. En relación al caso que hoy nos atañe, en el marco de la polarización, los medios de comunicación surgen como espacios donde se producen discursos cuyo objetivo es manipular emocionalmente a la audiencia y así ganarse su afinidad o conseguir que se rechacen las posturas disidentes. De acuerdo con Pérez (2022), en estos escenarios, los medios ideologizados utilizan discursos provocadores y deshumanizantes hacia sus opositores, junto con retóricas morales reduccionistas, de modo que se presenta al otro como una amenaza existencial.
El riesgo para el orden democrático se encuentra en que la prensa, accidental o deliberadamente, puede actuar como un factor de desintegración social. Sin embargo, este resulta un riesgo que la democracia como sistema debe permitirse. Como indican Barba y otros (2006), por más que resulte desagradable la difusión de ideas perniciosas que intenten destruir los fundamentos de la democracia, el ataque verbal siempre va a ser más deseable que la posible consecuencia de su prohibición, la cual es abrir las puertas a cualquier género de persecuciones. Por esta razón, el desafío siguiente consiste en proponer estrategias que permitan hacer realidad los valores del sistema democrático.
Análisis del discurso de Phillip Butters durante las elecciones presidenciales entre abril y junio de 2021

Para empezar, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2021, Phillip brinda su opinión sobre la población que votó por Pedro Castillo. Menciona que aquel voto es un voto de hambre por parte de las personas que se decidieron por él; “un voto del hígado, del llanto: un voto de odio y resentimiento”. En ese sentido, la causa de la elección de estas personas se debe al punto de hartazgo hacia la clase política a la que han llegado. Asimismo, las califica como individuos no cultos o desinteresados por los asuntos económicos: afirma que “no han leído la Constitución, que no tienen conocimiento sobre qué es la ap. o la propiedad privada”.
Seguidamente, caracteriza a Pedro Castillo como una figura peligrosa para nuestro país. En efecto, lo describe como la peor amenaza que tiene el Perú. Para el conductor del programa, el candidato es un peligro para la economía, así como la representación de Sendero Luminoso, por lo que podría ser la puerta de entrada para los terroristas en el Estado. En ese sentido, de llegar al gobierno, probablemente se presenciaría la liberación de muchos de los condenados por terrorismo como Antauro Humala, Abimael Guzmán y todos aquellos ubicados dentro de su causa.
En añadidura, durante ese periodo opina sobre los demás candidatos de izquierda que no lograron superar la valla electoral a quienes denomina los “caviares”. Los define como un obstáculo para la sociedad y el Estado. A su vez, los compara con los comunistas, puesto que si bien es cierto ambos son ladrones, los “caviares” roban de manera sutil. Según Phillip, ellos ejecutan tales acciones a la vez que desempeñan oficios dentro del Estado, como por ejemplo asesores o consultores, los cuales él no considera que sean trabajos que dignifiquen. Por lo tanto, concluye que tal grupo se ha acostumbrado a vivir del Estado y no a generar trabajo por ellos mismos.
Por último, con respecto al proceso electoral de la segunda vuelta, junto a su invitado al programa, Rafael López Aliaga, cuestiona los avances de los resultados dados por la ONPE y el JNE. En efecto, desligándose de la prudencia que otros actores reclaman para el proceso en cuestión, él señala que no cuenta con algún motivo para demostrar prudencia, ya que como ciudadano peruano normal se da cuenta que lo que se observa es “un fraude en mesa”. Se asombra de la rapidez con la que el candidato Castillo pasa de 5 o 6 por ciento al 19 por ciento en 12 días. A raíz de dicha sospecha, alega que se debería proceder con un reconteo de actas con la finalidad de determinar la validez del resultado electoral. Sin embargo, también llega a cuestionar la confiabilidad del sistema informático con el que ese reconteo se llevaría a cabo. Así pues, ante el pedido de Keiko Fujimori de una auditoría internacional, Phillip hace sospecha de que el software que se utilizaría para realizar aquella revalidación estaría siendo manejado por una empresa que fue comprada por venezolanos, aludiendo que existen intereses particulares de por medio.
Ahora bien, dentro de este discurso se pueden identificar algunas nociones en el pensamiento de Phillip. Primero, hay una identificación muy fuerte de amenaza que lo equipara con la figura de Pedro Castillo. La razón de ese peligro se debe a la ideología que este posee, que para Phillip Butters genera un desequilibrio del sistema económico y una ingente violencia. Justamente, la concepción de amenaza de Phillip se relaciona con el imago del comunista que Theodor Adorno formula. Según este autor, a diferencia del radicalismo de derecha del siglo XX en donde la amenaza comunista hallaba su raíz en el Partido Comunista, organización muy fuerte en ese entonces, el nuevo radicalismo sigue manteniendo esa sensación de amenaza, pero sin una figura tangible. La figura del comunista ahora, al no existir ningún partido comunista como tal, ha adquirido una especie de naturaleza abstracta, en la cual las personas depositan todo lo que no les es de su agrado (Adorno, 2020). En efecto, a pesar que no hay más pruebas de la fuerza de las acciones de Castillo y de su partido, Phillip Butters lo describe como un monstruo para el país. A su vez, dentro de su personaje de comunista coloca la versión más radical, el terrorista, mediante el supuesto nexo de Castillo con algunos procesados por terrorismo. De ese modo, el conductor estaría expresando ese imago, una imagen del comunista capaz de destruir la estabilidad económica y la seguridad nacional.
Segundo, también se percibe en Phillip una construcción de un sentimiento de repulsión con respecto a los demás candidatos que no proponen lo mismo que Castillo, pero que continúan siendo de izquierda, los “caviares”. Phillip critica el trabajo que desempeñan y sus prácticas sutiles de absorber las riquezas del Estado. Aquello se encuentra vinculado con el odio hacia los “intelectuales de izquierda” que Adorno menciona. Para el autor, el radicalismo de derecha se nutre de la desconfianza que hay con quienes no ocupan un cargo digno, sin un puesto fijo. Estos resultan ser unos vagabundos y canallas por no adaptarse a la división del trabajo, porque su oficio no se liga a una determinada forma de pensar (Adorno, 2020). Ciertamente, Phillip Butters considera que los trabajos de los candidatos de izquierda, asesores y consultores, los cuales hacen uso del conocimiento teórico con mayor notoriedad, no dignifican a las personas. Más bien, son estos los que les permiten extraer ingeniosamente el dinero estatal, y así, vivir del Estado, punto que también se relaciona con la afirmación de Adorno (2020) sobre el comunista siendo distinguido como aquel que sólo desea poseer recursos y velar por sus intereses fervientemente.
Tercero, hay un cuestionamiento del sistema electoral por parte de Phillip al afirmar que el proceso electoral de la segunda vuelta es un fraude en mesa. En esa línea, si bien las prácticas de la derecha radical pueden encontrarse dentro de los límites de la democracia, Kahhat (2019) señala que la derecha radical también puede transgredir las reglas del modelo de democracia representativa mediante sus prácticas y presentarlas como legítimas. Justamente, aun cuando es cierto que no se aprecia una práctica antidemocrática, sí se puede ver que hay una deslegitimación de su base formal a partir de sospechas y pruebas no verificadas. El conductor apela a su calidad de ciudadano normal para acusar a las instituciones democráticas, la ONPE y el JNE, de dirigir un proceso con estrategias engañosas e intereses privados.
Análisis del discurso de Phillip Butters durante el intento de golpe de estado y la destitución de Pedro Castillo en diciembre de 2022
Cuando ocurre el intento de golpe de Estado por parte del presidente Pedro Castillo, Phillip proporciona algunas declaraciones sobre esa coyuntura. En primer lugar, con respecto a Castillo, empieza atribuyendo su accionar a su resentimiento y obnubilación. Al mismo tiempo, lo cataloga, junto a toda su familia y otros actores implicados, como un “ladrón serial” por las pruebas de corrupción presentadas en las investigaciones que se estaban realizando en su contra.
En segundo lugar, señala que en su espacio televisivo se han dado muchas evidencias claves para ganar la guerra “contra el terrorismo en palacio de gobierno, con el maoísmo encarnado por Pedro Castillo […]”. A su vez, menciona que su programa lleva el nombre de ‘Combutters’ porque “tenía la intención de que este gobierno caiga como sea y que había que pelear hasta el último día”; y aquel día era este (07 de diciembre). De hecho, continúa, fueron ellos quienes sabían que el presidente había robado. De esa manera, hace énfasis en que, en su programa, el 04 de agosto, se denunció la presencia de Salatiel Marrufo como el segundo del régimen, así como la implicancia de los ahora colaboradores eficaces Beder Camacho y Zamir Villaverde.
En tercer lugar, expresa que ahora la amenaza se encuentra en aquellos que pusieron a Pedro Castillo en el poder, los “caviares”, por lo que promueve la continuación de la lucha. Así pues, vaticina que al Perú le tocará experimentar tiempos difíciles. Y citando a Abimael Guzmán expresa: “Esto es un recodo en el camino. La lucha contra el comunismo en el Perú no ha acabado, ahora viene otra lucha, de los que son peores que los terrucos: los “caviares””. En línea con esto, para explicar la continuación de esa amenaza, indica que las movilizaciones, que estaban surgiendo producto de la vacancia del presidente y como muestra de apoyo hacia él, son parte del plan de Vladimir Cerrón y los “caviares” para suplir el vacío de poder. Ciertamente, según Phillip no había necesidad de ser un “sabio en interpretación política” para darse cuenta de lo que estaba sucediendo era un “gambito”. Cerrón movilizaba a las personas a las calles para ejercer presión sobre el Poder Judicial y la Fiscalía y, con ello, liberar a Castillo. Esto constituiría una amenaza para el recién proclamado gobierno de Dina, de modo que ella tendría que negociar con Cerrón el asilo político del presidente, lo que evitaría que se develen los nombres de los demás “caviares” involucrados en esa red de corrupción; al fin y al cabo, seguirían manteniéndose en el poder.
Por último, Phillip expresa su enojo respecto a las manifestaciones, específicamente una que se desarrolló a los alrededores del Congreso de la República, en la cual 5 policías terminaron con lesiones en la cabeza, manos y uno en el peroné. Después de la explicación de lo acontecido por parte del general Manuel Lozada, el conductor indica que le parece absurdo que, a comparación de la protección que se le da a la policía en otros países como en Alemania, Reino Unido y Japón, en el Perú la policía no puede hacer nada frente a las agresiones. Justamente, menciona que en cualquier otro país del mundo la policía procede a dar un disparo mortal luego de haber lanzado dos disparos disuasivos: “Un tiro de disuasión, en la pierna, en el brazo. Pero a la tercera que te tire un piedrazo a tres metros de distancia, ustedes tenían todo el derecho del mundo a meterle un balazo en la cabeza”. En esa línea, finaliza la conversación con el general expresando su tristeza de saber que a los agentes de la ley se les trata de esa manera, acostumbrándose a recibir pedradas sin poder defenderse.
Con todo, podemos abstraer algunas ideas de su discurso sobre la coyuntura de la destitución y las iniciales movilizaciones. De entrada, continúa habiendo una sensación de amenaza hacia las personas con ideología de izquierda, pero ahora enfocada en los “caviares” y no en Pedro Castillo. De hecho, vaticina que se vienen tiempos difíciles porque, si bien el presidente fue vacado, aquellos se quedan y desearán seguir manteniendo su cuota de poder. Al respecto, se puede incluir lo que señala Adorno (2020) sobre la anticipación del espanto que utilizan los radicalismos de derecha. Estos tienden a hacer uso e, incluso desear, la catástrofe social, con la cual se alimentan al mismo tiempo. Así pues, aunque el peligro que constituía Castillo desaparece, Phillip Butters anima a seguir la lucha contra el comunismo pues los “caviares” seguían dentro de las esferas estatales y ejecutando estrategias para proteger sus cargos. Por eso es que, según él, y a pesar de no contar con pruebas fehacientes, se observan las movilizaciones que presuntamente Vladimir Cerrón se encuentra instigando con la finalidad de pactar acuerdos con la ahora presidenta Dina Boluarte.
Seguidamente, en el conductor del programa se puede contemplar un deseo de que las fuerzas del orden cuenten con la debida protección ante las agresiones de los manifestantes. Esto puede ser explicado con la imagen de fortaleza que la derecha radical pretende exhibir a través de intervenciones autoritarias para mantenerse inmune a las críticas externas (Kahhat, 2019). En efecto, a Phillip le parece desproporcionada la relación entre las acciones permitidas a los policías con las personas, y entre los actos de agresión efectuadas por estas cuando sucede una movilización. De ese modo, propone una solución represiva que vendría a ser los disparos al cuerpo e incluso a la cabeza si la situación no pudiese controlarse.
Análisis del discurso de Phillip Butters durante las marchas realizadas entre diciembre de 2022 y enero de 2023
A partir del contexto de la declaración de la red vial nacional en estado de emergencia por parte del ministro de defensa, Alberto Otárola, se enfatiza en la necesidad de proteger los puntos estratégicos de los activos nacionales del Perú, como lo son los aeropuertos, las centrales hidroeléctricas, entre otros. Bajo esta mirada, Phillip identifica a las protestas como la amenaza de la cual se desprende esta necesidad de protección. En base a esto, Phillip explica que el derecho legítimo de la protesta no implica nunca este bloqueo de carreteras y, por tanto, estas son ilegítimas al atentar contra estos activos que representan un bien común.
Según menciona el conductor del programa, los bloqueos de las carreteras implican, por un lado, un atentado contra la libertad de tránsito altamente criticado principalmente por sus consecuencias para los ciudadanos (impedimento de sus funciones laborales e imposibilidad de atenderse en centros de salud públicos; esto en relación a la muerte de una bebé y una persona adulta mayor). Por otro lado, se indica que los bloqueos tienen como consecuencia una recesión económica en la región sur del país debido a que se impide el pase de productos de primera necesidad al mercado nacional y extranjero. En ese sentido, Phillip afirma que los propios protestantes están afectando negativamente al “pueblo” que dicen representar.
De acuerdo con Phillip, estas protestas son ilegítimas también por su carácter violento. Siendo que el Estado mantiene el uso legítimo de la violencia y la policía su instrumento, se concluye que resulta inadmisible que se violente contra ella. Es por ello que Phillip indica que, ante una expresión de violencia contra la misma, aun teniendo el derecho a la protesta, la policía tiene la potestad de responder, ya sea disparando balas o lanzando bombas lacrimógenas ante la imposibilidad de lo primero. Se identifica que la protesta está integrada por una “turba enloquecida y subversiva”, con lo cual se establece que no existe una posibilidad real de diálogo. De esta forma, Phillip califica a los protestantes de “emerretistas y senderistas” debido a sus presuntas actuaciones que incluyen el secuestro, la tortura y la masacre de elementos policiales. Siguiendo esta línea, se niega que exista un “terruqueo” dado que los protestantes sí serían realmente terroristas o, en todo caso, debido a que son estos los que lideran las marchas.
En relación al incendio de la comisaría de Macusani en Puno, se descarta que pueda calificarse a los que conforman este grupo como “manifestantes”. Para Phillip, estos deben calificarse necesariamente de “subversivos” y “terroristas” y no de otra manera puesto que su objetivo no es realizar una protesta pacífica, sino “ir a matar”. Ante estos actos, se plantea que la policía es la verdadera víctima. Por ello, se cuestiona directamente que se pida a la prensa que no se “terruquee”. El incendio en el Centro de Lima también se atribuye a la protesta, indicando que “incendiar un edificio con gente dentro es un acto terrorista”.
En tercer lugar, las protestas no son legítimas dado que las demandas que presentan resultan inviables e irracionales y, en ese sentido, se afirma que las protestas responden en realidad a una motivación oculta de parte de la izquierda radical y de los senderistas que lideran las protestas. Desde el punto de vista de Phillip, las protestas estarían siendo promovidas y financiadas por terceros actores como pueden ser sectores de izquierda radical dentro y fuera del país, así como por medio de negocios ilícitos como el narcotráfico y la minería ilegal. En línea con esto, personajes pertenecientes a tales sectores serían los principales incitadores de la violencia y el desorden debido a que aparentemente les resulta ventajoso que estos problemas se extiendan como parte de una estrategia de negociación o chantaje. La teoría de la financiación está respaldada, según el conductor, por la imposibilidad de que los manifestantes tengan la capacidad de costear los recursos utilizados ya sea para la efectivización de la marcha o para la subsistencia. Esto se refiere a los propios medios de transporte para el traslado desde las demás provincias hacia Lima, los gastos en comida y alojamiento, entre otros.
Por otro lado, las personas que conforman estas protestas se presentan como personas manipuladas por los intereses de los sectores antes mencionados. Para Phillip, estas demandas son irracionales porque el interés principal de los manipuladores es el provocar el desorden generalizado, no importando así que las demandas resulten inviables en su conjunto (renuncia de Dina Boluarte, disolución del Congreso, excarcelamiento de Castillo, adelanto de elecciones, asamblea constituyente, entre otros). A partir de esto, se interpreta que la facilidad con la que estas personas son manipuladas para realizar esta serie de actos subversivos se explica por la pérdida de la identidad individual, lo cual se manifiesta al conformar parte de un grupo.
Dentro de todo este contexto, Dina Boluarte se presenta como una figura inepta para ocupar el cargo de presidente de la República debido a las acciones tomadas en consecuencia de las movilizaciones sociales y las declaraciones que las acompañan, así como por su falta de experiencia en cargos públicos. Phillip califica recurrentemente a Dina Boluarte como una persona “tibia” y, junto a varios invitados, frecuentemente hace referencia a su “blandura” que está directamente ligada a su optación por hacer un llamamiento al diálogo pacífico como solución a las protestas. Esto se repite con las declaraciones del ministro del interior Vicente Romero, pues el llamado a la calma no es adecuado en tanto los protestantes “no van a hacer caso”. Adicionalmente, se cuestiona que “en el Perú, una persona sin oficio ni beneficio, sin inteligencia, sin cultura y con ideas absolutamente equivocadas” puede llegar a ser presidenta.
De acuerdo con el conductor, la manera adecuada de resolver la situación corresponde a una respuesta coercitiva que comprende elementos como la militarización en puntos estratégicos para la protección de activos de interés nacional, la participación de los servicios de inteligencia estatal en la identificación y captura de los responsables de organizar las protestas así como en la intercepción y recorte de los canales de movilización de recursos (suministros, vías de comunicación, herramientas logísticas, etc.), la declaración del estado de emergencia y/o de sitio en las zonas de mayor movilización social y la activación de un “protocolo de guerra”. Para Phillip, la coordinación del toque de queda, relacionada a la declaración del estado de sitio, es una necesidad urgente puesto que se debe mantener el orden en el país.
En línea con lo antes descrito, se considera que Dina no ha evidenciado correctamente la gravedad de la crisis ya que el discurso que maneja comprende, por una parte, un llamado a la integración por medio del cual se hace alusión a los protestantes como “hermanos”. De acuerdo con Phillip, no se les puede tratar como tales, sino que por el contrario deben identificarse como “enemigos” a los cuales se debe enfrentar, reducir, capturar y/o eliminar, según corresponda. Por otra parte, el discurso de Dina también contiene un pedido de disculpas por la respuesta coercitiva de las fuerzas policiales, haciendo referencia a una desproporcionalidad de la violencia utilizada. En este caso, Phillip cuestiona que haya que pedir disculpas dado que el gobierno posee el uso legítimo de la violencia y que este tipo de respuesta resulta necesaria para el restablecimiento del orden y para la protección de los ciudadanos peruanos, por lo cual este mensaje va ligado a una pretensión por parte de la presidenta de “quedar bien con todos”.
En cuanto a la llamada “toma de San Marcos”, se cuestiona el sustento legal del ingreso de protestantes a la universidad, refiriéndose a un delito de usurpación del inmueble y estableciéndose un símil a lo sucedido en la década de los 80. A pesar de que su invitado, el analista político, Fernán Altuve, indica que para que la policía ingrese a la universidad debe evidenciarse un caso de flagrancia o bajo autorización del consejo universitario y la rectora, Phillip mantiene su postura respecto a que la policía tiene todo el derecho de ingresar para intervenir dentro de la institución educativa. De esta manera, se critica directamente el discurso de la congresista Sigrid Bazán referente a que la policía busca reprimir sin proporcionalidad, insinuando que está realizando “agitación política”.
En principio, es posible evidenciar que se presenta a las movilizaciones sociales como la amenaza del orden preestablecido. Se apela a una sensación de amenaza a la cual tanto los gobernados como los gobernantes, principalmente la presidenta de la nación, Dina Boluarte, deben ser conscientes. En añadidura, se identifica una exaltación de esta percepción de peligro a partir de la caracterización de quienes la integran y su accionar, así como de las potenciales consecuencias de permitir que se sigan desarrollando libremente. En base a lo indicado por Adorno (2020), esta propagación del miedo a través de medios masivos de comunicación como es la televisión permite que propuestas de solución que apelen a la búsqueda de restauración del orden público adquieran fuerza independientemente del nivel de coerción que implican y de la coherencia que mantienen con el respeto hacia las instituciones democráticas.
La amenaza de la protesta se caracteriza a partir de la propia violencia que extienden los protestantes, esto identificado a partir de la atribución a los protestantes de un objetivo de provocar caos y desorden, así como sembrar el propio terror por medio de las muertes. Las actuaciones que se atribuyen a las protestas como los intentos de tomas de aeropuertos y universidades, el bloqueo de carreteras a lo largo de la región sur del país, los incendios y los propios ataques físicos hacia las fuerzas policiales y los periodistas se caracterizan como actuaciones terroristas, con lo cual se identifica a un enemigo a ser erradicado y que no forma parte de la población a ser protegida.
Bajo la perspectiva de Farid Kahhat (2019), se puede identificar rasgos nativistas que parten de la distinción no tanto entre peruanos y extranjeros, sino más bien entre quienes se contraponen al interés común (relacionado al establecimiento del orden, el progreso económico y la estabilidad sociopolítica) y quienes abogan por él. Se construye a partir de esto un discurso de “otredad” por medio del cual se establecen quienes son los “ciudadanos de bien” y quienes no, eliminando la posibilidad de ser considerados dentro de la misma categoría y, por tanto, estableciendo la diferencia en cuanto a sus derechos y el trato esperado. Habiéndose identificado entonces a los protestantes como actores subversivos y terroristas, la respuesta planteada debe ir de acorde al riesgo que supone para toda la nación permitir que se extiendan sus motivaciones. Esto lleva a que se legitimen las respuestas coercitivas que implican la reducción y asesinato de los protestantes en relación a la necesidad de evitar un destino catastrófico y que, en contraposición, se descarten las respuestas vinculadas la búsqueda del consenso.
En vista a lo expresado anteriormente por Phillip Butters, las fuerzas policiales deben mantener siempre la capacidad de responder con una fuerza proporcionalmente mayor a la de los protestantes en los casos que amerite. Cuando el cuerpo policial se ve superado por los ataques de los protestantes, se pone el foco en que los policías se encuentran en una posición vulnerable y se presentan como víctimas. De esta manera, se verían moralmente imposibilitados de utilizar la fuerza física necesaria para su propia protección y la de los demás ciudadanos, esto en relación al discurso de desproporcionalidad presentado por quienes apoyan las movilizaciones.
En línea con lo presentado por Kahhat (2019), se evidencia a partir de las declaraciones del conductor una intención de devolver a los efectivos policiales (y consecuentemente a la policía como institución) la figura de fortaleza que representan, esto a partir de la legitimación de su capacidad de actuación represiva. Esta intención resulta importante porque el enemigo a tratar, identificado como el terrorismo, estaría cuestionando directamente esta figura en base a su aparente incapacidad de mantener, contener o castigar acciones delictivas. Esta incapacidad de poder mostrar fortaleza también será cuestionada a la presidenta Dina Boluarte, con lo cual, discursivamente, se identifica como alguien incapaz de resolver eficazmente la crisis y que se muestra débil frente al enemigo al no imponer la obediencia de la población.
Conclusiones
Recapitulando las ideas desarrolladas durante la revisión de los tres momentos, es posible resaltar ciertos elementos del discurso que presentan rasgos que concuerdan con aquellos atribuidos a expresiones de los radicalismos de derecha mientras que otros elementos se conectan en menor medida. De la misma manera, se evidencian nociones que se repiten a lo largo de todos los programas y que se pueden relacionar con la elaboración de un discurso consistente y reiterado por parte de Phillip Butters.
Por un lado, la expresión de una sensación de amenaza resulta ser una idea que se expresa frecuentemente durante los tres momentos analizados, pero con un cambio de foco de acuerdo a cada caso. En cuanto a los programas que comprenden el periodo de elecciones, la amenaza se atribuye a la figura de Pedro Castillo pues representaría un peligro para el mantenimiento de la estabilidad económica y de la seguridad, en tanto representa el legado de Sendero Luminoso. Luego, tras la destitución del presidente, la amenaza pasa a ser atribuida a la “izquierda caviar”, la cual habría sido responsable de llevarlo a conseguir el poder y que conformaría una red de corrupción dentro del gobierno. En el último momento, en relación a las marchas, la percepción de amenaza se traslada hacia los protestantes, cuyo objetivo final se referiría a la matanza y la propagación del desorden, teniendo que ser considerados entonces como terroristas.
A partir de esto, es plausible identificar como la propagación de la sensación de amenaza sirve como medio para la promoción de medidas de tipo coercitivo. En consecuencia, con lo indicado por Adorno, se evidencia como la percepción de peligro presentada por Phillip, permite legitimar prácticas autoritarias relacionadas a la consecución del restablecimiento del orden. Respecto a este caso, el autoritarismo se expresa en la ruptura del Estado de Derecho y la desproporcionalidad de la violencia utilizada por las fuerzas policiales en su búsqueda por el control y represión de las manifestaciones. En relación a este aspecto, se defiende la imagen de fortaleza adscrita a la policía por medio de la legitimación del uso de la violencia y se desvirtúa las salidas pacíficas relacionadas a la búsqueda del consenso por medio del diálogo.
Por otro lado, el discurso también contiene de forma frecuente la expresión de una división de la sociedad peruana. En un principio, la dicotomía se evidencia en la animosidad frente a los “caviares”, pero en un segundo momento, esta se refiere a los protestantes, los cuales son identificados como comunistas, terroristas y subversivos. En ambos momentos, estos actores son presentados como el enemigo que debe ser combatido pues se encuentra en contra de la voluntad general, consistente con el bien común. De esta forma, el discurso de Phillip se presenta como el único discurso representativo de los “ciudadanos de bien”, promoviendo divisiones sociales irreconciliables, con lo cual se identifican los rasgos populistas descritos por Mudde y Kahhat.
En cuanto a rasgos nativistas, si bien se visualiza en ciertos momentos que se relaciona la propagación de la violencia con intereses de sectores de izquierda provenientes del extranjero (Bolivia, Venezuela, etc.), no existe como tal una marginalización en base a la distinción entre los “oriundos” o nacionales y lo “foráneos”. En ese sentido, no se comprueba lo mencionado por Mudde y Kahhat respecto al discurso dicotómico y las expresiones de Phillip no cumplirían, particularmente, con este rasgo radical.
A modo de cierre, dentro del discurso de Phillip Butters se pueden identificar expresiones que contienen rasgos que se corresponden a los de un radicalismo de derecha. Estos consisten de la apelación al miedo y la sensación de amenaza como instrumentos para la promoción de prácticas autoritarias y el populismo expresado a través de la búsqueda por establecer una legitimidad única de representación. De esta forma, aun cuando no cumpla con todas las características mencionadas por los autores, el radicalismo de derecha atraviesa este discurso sin necesidad de enmarcarse en un espacio tradicional como son los partidos de derecha, siendo que su presencia se fundamenta en un contexto de crisis política.
Dentro del discurso de Phillip Butters, la legitimación de prácticas autoritarias a ciertos sectores contempla la posibilidad de un efecto polarizador y excluyente. Al enmarcar los eventos de crisis en una narrativa de amenaza inminente, Phillip Butters contribuye a la erosión de los principios democráticos al promover soluciones coercitivas y desproporcionadas que contravienen el respeto a los derechos fundamentales y la búsqueda de consenso. En relación a lo expresado por Pérez (2022), se puede identificar dentro del discurso una intención por apelar a la emocionalidad y con ello conseguir una adhesión afectiva al propio grupo ideológico de Phillip Butters, a la vez que se provoca un rechazo fulminante frente a grupos principalmente de izquierda. Tal como consideraban Levitsky y Ziblatt (2018), esto puede desencadenar en aumentar la fragmentación, posicionando a ambos grupos como actores incapaces de convivir bajo un mismo régimen político.
En conclusión, la presente investigación reafirma el rol crítico de los discursos mediáticos en la configuración del paisaje político y social. Estos hallazgos subrayan la necesidad de replantear las alternativas frente a casos en los que expresiones radicales puedan suponer un riesgo para el orden democrático. Anteriormente, se discutió como la solución no podía tratarse de una censura a estos medios en tanto dicha opción contraviene los mismos principios que se desean defender. Ante ello, consideramos que la vía de acción más pertinente resulta en fomentar los valores democráticos dentro de la misma sociedad a partir de la enseñanza continua, de modo que cada persona se encuentre más capacitada para distinguir este tipo de expresiones. Evidentemente, ninguna alfabetización podrá llevarse a cabo de forma efectiva si la misma población no se encuentra satisfecha con los efectos que la potencial consolidación democrática produce en sus vidas personales. Así, en un país donde todavía existen deficiencias en los mecanismos de participación y deliberación, y en el que persiste un acceso desigual a los servicios públicos, la búsqueda por un aumento en el nivel de confianza en las instituciones democráticas resulta un desafío pendiente.
Bibliografía







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