top of page
Buscar

¿El populismo es esencialmente un erosionador de la democracia?

  • Foto del escritor: Fernanda Tejada
    Fernanda Tejada
  • 28 nov 2024
  • 8 Min. de lectura

Semana de Estudios Democráticos

El populismo es inherentemente polarizador, por su propia estructura vaga de crear una relación dicotómica en la sociedad entre el pueblo y la élite. Sin embargo, dicha interpretación también ha sido mutable, sobre todo porque ambos conceptos (pueblo y élite) son elementos muy amplios, así como moldeables. En ese sentido, podríamos reconocer, en primera instancia, que un punto muy cierto del populismo es el polarizador, pero ¿erosionador? Creo que dicha relación entre el populismo y la erosión democrática es, por lo menos, difícil de establecer como causa-efecto. Latinoamérica, la región de caudillos por excelencia, nos puede brindar muchos matices y discusiones al respecto sobre populismo y democracia.

El artículo "Reflexiones sobre el populismo y la polarización en América Latina y sus consecuencias para la democracia" de Jennifer McCoy (2022) analiza cómo el populismo y la polarización afectan las democracias en América Latina, utilizando marcos comparativos globales. La autora enfatiza que el populismo, intrínsecamente divisivo, fomenta la polarización política y social al estructurar las dinámicas de poder como una lucha entre un "pueblo virtuoso" y una "élite corrupta". Esta polarización, definida por la autora como "perniciosa", puede erosionar las democracias al deslegitimar la oposición, generar tribalismo político y obstaculizar la cooperación interpartidista. McCoy destaca que en América Latina los clivajes suelen estar basados en exclusiones socioeconómicas y, en menor medida, socioculturales, reflejando una resistencia histórica a eliminar jerarquías sociales. Concluye que la creciente polarización, combinada con crisis económicas y sociales, plantea serios desafíos para la estabilidad democrática, pero subraya que abordando las causas estructurales, como las fracturas socioeconómicas y el descontento con el contrato social, las democracias pueden revitalizarse.

El principal problema que encuentro al texto de McCoy (2022) es el poco o nulo reconocimiento del carácter democratizador que puede llegar a tener un líder populista en una región de altas desigualdades y en donde la concepción de Estado-Nación se ha visto particularmente amenazada por élites poco reformistas o democratizadoras. En América Latina, Murillo (2018) argumenta que una definición historicista del populismo es crucial para comprender su emergencia y las tensiones inherentes al fenómeno en la región. Esta perspectiva historicista se complementa con el marco teórico propuesto por Collier y Collier (2002), quienes analizan cómo los líderes populistas clásicos del siglo XX incorporaron al movimiento obrero en la política latinoamericana. Estos autores señalan que los líderes utilizaron diversas estrategias de incorporación, ya sea a través del control estatal o la movilización partidista, que resultaron en trayectorias políticas y dinámicas de régimen diferenciadas en distintos países.

En el análisis de Collier y Collier, destacan las consecuencias a largo plazo de las estrategias de incorporación. Por ejemplo, las políticas de control estatal del movimiento obrero, aunque inicialmente estabilizadoras, tendieron a promover la radicalización y la desestabilización política a medida que avanzaba el tiempo. De ese modo, llevó a procesos de conservatización y polarización décadas posteriores. Esta observación dialoga con la noción de Murillo (2018) de que el populismo puede tener efectos democratizadores y autoritarios dependiendo del contexto histórico y las condiciones específicas. 
De ese modo, encontramos en la literatura diversas formas de ver el impacto de los líderes populistas. Freidenberg (2011) los ve como agentes de cambio que buscan mejorar la representación y equidad social al movilizar a las masas. Sin embargo, señala que estos líderes también pueden abusar del poder, atacar las instituciones democráticas y mostrar un discurso autoritario que desafía el pluralismo. Zúquete (2015) postula que las interacciones entre populismo y autoritarismo o democratización son fluidas, sugiriendo que el populismo tiene el potencial de rejuvenecer la democracia o de erosionarla (pag 266-269). Además, Kaltwasser (2012) propone que, aunque el populismo puede ser una amenaza a la discusión pública, también actúa como un correctivo a la falta de inclusividad, especialmente en sociedades con altos niveles de exclusión socioeconómica (p. 197). Vergara (2021) apoya esta idea, sugiriendo que, en estos contextos, el populismo puede fomentar la participación de grupos desfavorecidos, contribuyendo así a una mayor inclusión social (p. 53). De ese modo, el líder populista no es esencialmente erosionador de la democracia, sino que fluye entre la inclusión y la amenaza autoritaria. 

El peronismo en Argentina se considera un antecedente importante del populismo de izquierda de líderes como Lula y los Kirchner (Devenney, 2022). Perón articuló un movimiento populista que desafiaba el orden oligárquico existente en Argentina en la década de 1930. Su movimiento buscaba representar y movilizar a sectores populares diversos contra los intereses de élites económicas y políticas dominantes (Teichman, 2022). El peronismo se caracterizó por su capacidad para unificar a diferentes sectores sociales bajo la identidad del “pueblo", promoviendo políticas de inclusión social y protección de los derechos laborales (Colazingari y Palermo, 2016). El enfoque de Perón con respecto al populismo implicaba una estructura jerárquica que valoraba la lealtad inquebrantable al líder y al movimiento, creando una unidad cohesiva pero potencialmente frágil entre sus seguidores (Fierman, 2021). Finalmente, el gobierno de Perón se centró en implementar la legislación social y establecer organismos estatales para resolver conflictos, especialmente en el sector rural, para construir la hegemonía mediante políticas de bienestar social y relaciones laborales (Palacio, 2011). Así, Margaret Canovan, se refiere continuamente al peronismo como un caso clásico de "dictadura populista" (Canovan 1981, p. 138). 

En el estudio del populismo en el siglo XXI, se observa una variedad de enfoques y contextos que reflejan las diversas estrategias y adaptaciones de los líderes populistas. Munck (2023) destaca la tendencia hacia la institucionalización del poder y la sofisticación en las estrategias políticas de gobiernos populistas como el "Kirchnerismo" en Argentina y el "Lulismo" en Brasil. Estos gobiernos han buscado equilibrar las demandas populares con la estabilidad económica y la gobernabilidad, demostrando una notable adaptabilidad a las dinámicas políticas y económicas globales. Sin embargo, Mastrángelo y Pozzi (2023) describen un enfoque más autoritario en algunos líderes populistas, como Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia. Aunque inicialmente se presentaron como defensores de la democracia y la participación popular, estos líderes concentraron el poder en sus manos con el tiempo, debilitando las instituciones democráticas y restringiendo las libertades civiles. Levitsky y Roberts (2011) aportan una perspectiva crucial al enfatizar que la ubicación de un gobierno de izquierda en una categoría de izquierda institucionalizada o popular depende de su historia, su estructura organizativa y su relación con la sociedad. Esto sugiere que, aunque ciertos líderes populistas pueden adoptar estrategias autoritarias, otros pueden buscar integrar sus políticas dentro de marcos institucionales más sólidos.

Finalmente, Mudde y Rovira (2017), destacan que el populismo no tiene una sola dirección, sino que puede tener tanto un impacto negativo como positivo según el contexto en que este actúe. Mientras que en una etapa temprana de transición democrática el populismo puede ser un fuerte correctivo que permite la inclusión de sectores relegados, en democracias liberales puede atacar instituciones y socavar derechos fundamentales. Sin embargo, esto también nos permite cuestionarnos ¿Por qué surgen populistas en las democracias liberales? ¿Es realmente la democracia liberal infalible al discurso populista? 

Ahora, ¿Un populista que quiere acaparar instituciones siempre logrará erosionar la democracia? En su texto Resisting Backsliding Opposition Strategies against the Erosion of Democracy, Laura Gamboa (2022) destaca la capacidad de las estrategias que pueda manejar la oposición para que el líder, potencialmente autócrata, pueda o no socavar la democracia. En Venezuela, Chávez utilizó una Asamblea Constituyente en 1999 para concentrar poder y cooptar instituciones clave como el Tribunal Supremo y PDVSA, mientras implementaba reformas sociales clientelistas que consolidaron su base popular. La oposición, al optar por estrategias extrainstitucionales radicales como el golpe de Estado de 2002 y el boicot electoral de 2005, perdió legitimidad y facilitó la consolidación del autoritarismo. En contraste, en Colombia, la resistencia institucional del Tribunal Constitucional bloqueó los intentos de Uribe de modificar la Constitución para un tercer mandato, preservando el equilibrio democrático. La oposición colombiana se mantuvo dentro del marco institucional y evitó tácticas extremas, lo que le permitió conservar legitimidad interna e internacional y contrarrestar el intento de concentración de poder de Uribe. Este ejemplo nos permite cuestionarnos si inherentemente es el populista capaz por sí mismo erosionar la democracia o hay demás actores políticos que juegan un rol en su éxito o no del mismo. 

En conjunto, la literatura resalta que el populismo en América Latina es un fenómeno multifacético, cuya relación con la democracia depende de contextos históricos, económicos y políticos específicos. Si bien su discurso polarizador, basado en la dicotomía pueblo-élite, puede deslegitimar a la oposición y erosionar instituciones, no es un proceso inevitable ni uniforme. Ejemplos como el peronismo en Argentina ilustran su capacidad de fomentar la inclusión social y movilizar sectores marginados, mientras que casos como el chavismo en Venezuela evidencian el potencial autoritario cuando las instituciones son débiles y la oposición opta por estrategias radicales que comprometen su legitimidad. Asimismo, la resistencia institucional en Colombia bajo Uribe demuestra que la oposición y los contrapesos pueden contener los intentos de erosión democrática.

Este análisis destaca que el populismo puede actuar tanto como un correctivo democratizador en contextos de exclusión socioeconómica como un agente de erosión cuando se combina con crisis estructurales y estrategias de concentración de poder. La relación entre populismo y democracia no es unilateral; más bien, depende de la interacción entre líderes populistas, instituciones y actores opositores. Por tanto, no es el populismo en sí mismo el que define el destino democrático de una sociedad, sino los recursos institucionales y las dinámicas políticas que enmarcan su acción. Esto invita a cuestionar los límites y vulnerabilidades de las democracias, incluidas las liberales, y a reconocer la necesidad de estrategias para preservarla, más allá de señalar al populismo como el único culpable, o no, de nuestra calidad democrática. 

Bibliografía:

Canovan, M. (1981). Populism. Houghton Mifflin Harcourt P.

Collier, R. B., & Collier, D. (2002). Shaping the political arena: Critical junctures, the labor movement, and regime dynamics in Latin America. University of Notre Dame Press. https://doi.org/10.2307/j.ctvpj74pj

Colazingari, S., & Palermo, V. (2016). Peronismo clásico y peronismo plebeyo. El populismo de la globalización. Temas y Debates, (32), 27–49. https://doi.org/10.35305/tyd.v0i32.342

Devenney, M. (2022). The democratic limits of populist politics. Journal for the Study of Radicalism, 16(2), 1–20. https://doi.org/10.14321/jstudradi.16.2.0001

Fierman, J. B. (2021). "We are Peronists, we are organic": Discipline, authority, and loyalty in Argentine populism. Social Sciences, 10(9), 326. https://doi.org/10.3390/socsci10090326

Freidenberg, F. (2011). Los nuevos liderazgos populistas y la democracia en América Latina. Lasa Forum, 42(3), 9–11.

Gamboa, L. (2022). Resisting backsliding: Opposition strategies against the erosion of democracy. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009164085

Kaltwasser, C. R. (2011). The ambivalence of populism: Threat and corrective for democracy. Democratization, 19(2), 184–208. https://doi.org/10.1080/13510347.2011.572619

Levitsky, S. (2011). The resurgence of the Latin American left. Cambridge University Press.

Mastrángelo, M., & Pozzi, P. (2023). Populism and the left in Latin America. In R. Munck, M. Mastrángelo, & P. Pozzi (Eds.), Populism: Latin American perspectives (pp. 207–220). Agenda Publishing. https://doi.org/10.2307/jj.1357295.17

McCoy, J. (2022). Reflexiones sobre el populismo y la polarización en América Latina y sus consecuencias para la democracia. Desafíos, 34(2), 1–19. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/desafios/a.11307

Mudde, C., & Rovira Kaltwasser, C. (2017). Populism: A very short introduction. Very Short Introductions. Oxford Academic. https://doi.org/10.1093/actrade/9780190234874.001.0001

Munck, R. (2023). Populism in Latin America: Development, democracy, and social transformation. In R. Munck, M. Mastrángelo, & P. Pozzi (Eds.), Populism: Latin American perspectives (pp. 9–26). Agenda Publishing. https://doi.org/10.2307/jj.1357295.6

Murillo, M. V. (2018). La historicidad del pueblo y los límites del populismo. Nueva Sociedad, (274), 165–175.

Palacio, J. M. (2022). Legislación y justicia laboral en el "populismo clásico" latinoamericano: Elementos para la construcción de una agenda de investigación comparada. Revista Mundos do Trabajo, 3(5), 245–265. https://doi.org/10.5007/1984-9222.2011v3n5p245

Teichman, J. (2022). Class and race in Latin America’s left populist politics. Race & Class, 64(2), 55–74. https://doi.org/10.1177/03063968221103073

Vergara, A. (2021). Ni amnésicos ni irracionales. Planeta Perú.

Zúquete, J. P. (2015). "Free the people": The search for "true democracy" in Western Europe’s far-right political culture. In C. de la Torre (Ed.), The promise and perils of populism: Global perspectives (pp. 231–264). University Press of Kentucky. http://www.jstor.org/stable/j.ctt12880g5.11

 
 
 

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Invitado
28 nov 2024
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy buena columna que nos permite replantear los conceptos sobre como entendemos la democracia.

Me gusta
bottom of page