El pobre NO es pobre porque quiere: Narrativas y discursos en un Perú fragmentado
- lespucp
- 23 oct 2024
- 9 Min. de lectura
Escrito por: Alejandra Torralba y Daniel Flores

Tradicionalmente la pobreza ha sido concebida como un fenómeno de carácter monetario caracterizada por la insuficiencia de ingresos económicos para la subsistencia y para el pleno goce de una calidad de vida digna y óptima (Rowntree; 1901; Woll, 2022). No obstante, la pobreza es un problema mucho más amplio que únicamente la carencia de recursos económicos. Se trata de un fenómeno multidimensional que afecta al individuo tanto a nivel objetivo, acceso a bienes materiales y servicios básicos de calidad, como subjetivo, agencia y participación en la sociedad (Caus, s/f; Woll, 2022).
En ese sentido, la experiencia de la pobreza abarca una suma de factores que terminan por perpetuar su situación: la falta de acceso a servicios básicos de educación, salud y saneamiento evidencia un abandono estatal. La limitación para acceder a una alimentación nutritiva afecta negativamente su salud física, procesos mentales y bienestar, derivando en problemas de desnutrición infantil crónica y problemas de aprendizaje. Además, la exposición y vulnerabilidad frente a problemas contextuales, como la contaminación minera, legitima las relaciones de poder y la falta de agencia social. Entre muchas otras variables, estos factores agravan su situación (Grupo Banco Mundial, 2024; Red de Pobreza Multidimensional, s/f;). Es por ello que se debe entender y abordar esta problemática de forma integral.
Pese a ello, en el Perú, específicamente en Lima, se ha construído y difundido en los medios de comunicación el ampliamente conocido discurso “el pobre es pobre porque quiere”. Tal como mencionó Christopher Gianotti, conductor de televisión peruana: “. . . no existe eso [la desigualdad de oportunidades], lo que existe es que tú te generes las oportunidades” (El Comercio, 2024). Asegurando así que “cada persona tiene el deber de forjar su propia oportunidad para vencer la pobreza, al margen de las condiciones sociales, económicas y políticas que experimente” (El Comercio, 2024).
Este discurso resulta altamente preocupante pues pretende invisibilizar las barreras estructurales existentes a las que se enfrentan constantemente las personas en situación de pobreza (Woll, 2022). Además, a través de ello le despojan agencia al Estado y las políticas que debería de implementar para contrarrestar tal situación, trasladando así toda la responsabilidad en el individuo. Con ello también se establecen soluciones que terminan por agravar la situación, como lo es el supuesto cambio de mentalidad en las personas pobres. Es decir, este discurso se instrumentaliza para que este grupo poblacional “cambie su mentalidad” y “salga adelante” a través del esfuerzo, motivación y trabajo; alejándose así del problema estructural y, nuevamente, responsabilizando a la persona:
Debemos entender que la salida de la pobreza no solo depende del esfuerzo de las personas, ni de un cambio de mentalidad. Existen alrededor condiciones estructurales que están fuera del control de las personas y que influyen de manera positiva o negativa, como las brechas de acceso a educación en las zonas rurales, las condiciones de informalidad y trabajo precario, las brechas salariales entre varones y mujeres, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado de las mujeres y la política de cuidados pendiente en el país, entre otros. (Woll, 2022)
En tal sentido, ¿Por qué es importante conocer la percepción sobre la desigualdad? y ¿Qué efectos tiene en nuestra sociedad? Estas son preguntas clave que podemos abordar utilizando la información proporcionada por la ENADES. Partiremos de dos hechos clave:
51.3% de las personas creen que el Perú es muy desigual y 59.7% consideran que la diferencia entre ricos y pobres ha aumentado.
Llama la atención que la ciudadanía perciba un aumento de la desigualdad, lo que nos podría indicar la persistencia de las brechas sociales como un fenómeno persistente. Es un hecho relativamente bien documentado que economías, como la peruana, están marcada por fuertes problemas de desigualdad (Deffains et al., 2016 ; Niehues, 2014); es más, el aumento de la misma solo responde a un contexto donde el Estado deja cada vez más su rol de ente subsanador de estos problemas. En ese sentido, alrededor de 50% de personas consideran que la desigualdad es inaceptable. Esto involucra un resultado alarmante dado que, considerando que los mismos encuestados consideran que la desigualdad ha aumentado, aún persiste cierto umbral de tolerancia a la misma. Ahora veamos los siguientes gráficos:









Realmente es un estudio de caso muy bien sustentado y se aprecia el esfuerzo interdisciplinario para entenderlo de una manera clara.